Me gustan los ejemplos de consorcios porque los que deciden sobre los gastos son los que los pagan.
En este caso, los propietarios se reunieron para tratar un
tema en particular. La señora del 1° A, muy anciana ella, había quedado viuda y
percibía una magra pensión, lo cual le impedía pagar las expensas y satisfacer
sus necesidades básicas al mismo tiempo.
Nadie conocía un familiar que la pudiese ayudar y ya
acumulaba un par de meses impagos.
Como era una persona muy querida y conocida por todos
algunos vecinos propusieron distribuir el costo de las expensas entre todos y
eximirla a ella del pago de las mismas.
Se discutió si la distribución de esas expensas se haría “a
la romana” o de acuerdo a los porcentuales.
Hicieron los cálculos de cuanto pagaría en exceso cada
propietario y, finalmente, acordaron bonificarle las expensas.
Lo mismo sucede a nivel global cuando se otorga un subsidio,
se incrementa un gasto o se baja el precio de los servicios públicos para
algunos usuarios; alguien los paga.
En el caso de un país, la decisión no está directamente en
quien paga los gastos, sino que hay un Estado que decide en todos los casos.
Este Estado está manejado por personas, que devienen
funcionarios públicos y son de dudosa honestidad y aún mas dudosa capacidad
intelectual (si fuesen honestos y tuviesen capacidad estarían trabajando).
Estos funcionarios asumen el derecho de castigar a algunos
para beneficiar a otros, pero en definitiva, sacando la coraza del Estado,
sucede como en los consorcios, si algunos son subsidiados, otros poner la
plata.
Si algunos son beneficiados pagando menos un boleto de
colectivo, otros están poniendo ese dinero perdiendo poder adquisitivo a través
de la inflación o pagando impuestos indirectos cuando compra yerba, comida o
vestimenta.
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