Los engaños económicos abundan y suelen ganar aceptación pública. Parte del problema surge cuando el análisis económico privilegia el aspecto técnico y cuantitativo por encima de la comprensión de los conceptos que pretende medir. Medir puede ser útil, pero una medida deja de orientar correctamente cuando se la transforma en objetivo. En economía, este riesgo es especialmente importante porque ciertos indicadores terminan sustituyendo al fenómeno real que buscan representar. La inflación y el crecimiento económico son ejemplos claros. Ambos son conceptos reales, pero las estadísticas usadas para aproximarlos —como el IPC y el PBI— son imperfectas. Cuando se confunde el indicador con el concepto, la interpretación económica se deteriora. La inflación no es simplemente cualquier aumento de precios. Los precios pueden subir por múltiples razones, como cambios en la oferta, la demanda o los costos de producción. Confundir esos movimientos con inflación lleva a diagnósticos erró...